lunes, 23 de noviembre de 2009

Y llega la época sentimental

Siempre concluir un año más produce un efecto en los hombres y mujeres, que puede ser de lo más cursi hasta lo más doloroso. Una época que queda grabada en nosotros desde la más tierna infancia y por ende es causa de los recuerdos más alegres o los más dolorosos. En esa temprana hora de la existencia, todo lo vivíamos al máximo y también lo sufríamos en igual intensidad o eso pensaba.

Hoy, después de tantísimos años de celebrar, de reunirse con familia y amigos, siento un desgaste, es como aquella esfera que con el paso del tiempo perdió su brillo y ahora por más que la pules no vuelve a tener la misma intensidad. Me pregunto si soy solamente yo, no lo creo recuerdo a uno de mis parientes más cercanos, aquel con el que compartí muchas cosas, buenas y malas, aquel que se ha vuelto el mejor interprete de un cuento de Navidad, un perfecto amargado al que no le han llegado los tres fantasmas. Está fecha se quedo sin brillo por que las luces de la existencia que le daban color se han ido apagando, se fueron los sueños, el deseo, el hambre de conocer y ella, siempre ella, tan esquiva, tan intermitente y tan lejana en este frío invierno de mi vida.

Una época sentimental, llena de zafias muestras de afecto, tan falsas como la alegría que produce un diploma de la empresa en la que trabajas. Adormecido, ausente y con cierta rabia por haberme extraviado, por haberme perdido y encontrarme al final aún en medio de la nada, siendo un espectador, viendo sólo las chispas saltar y apagarse, lejos de la hoguera. Me he convertido en aquello que no quería ser, un zombie, un muerto viviente en vida que es incapaz de experimentar esa emoción por lo colorido, por lo simple, por lo brillante, por la vida misma.

Lo he decidido, caminaré de frente y treparé por cada uno de sus peldaños y ahí, frente a la inmensidad del océano, contemplando las luces de la ciudad, me desharé de ese ese negro abismo que habita en mi interior.

martes, 10 de noviembre de 2009

De presencias y ausencias

Recordar es vivir, es una frase harto manida y utilizada por los nostálgicos, por los eternos enamorados, por quienes renuncian a aceptar la realidad, la ausencia, la ruptura, el adiós... pero quizá en el fondo encierra una gran certeza. Muchos seres queridos han partido, ninguno tan querido como los progenitores, pero se han marchado y verlos partir, no sentirlos, no experimentarlos en su nuevo estado ha sido un trance doloroso en todos los casos.

No creo en las visiones que los teólogos y los "sancerdotes" han descrito sobre lo que sucede después de colgar los tenis, no puedo creerles, nos han mentido por cientos de años, nos han engañado y utilizado a su voluntad; por ellos hoy el mundo siente un profundo vacío existencial y se siente perdido, yo lo siento, yo lo comparto con otros miles de humanos que viven en este planeta, en este mismo tiempo.

No, mi visión no está clara y definida tampoco, pero la certeza de que hay un algo más después de, un estado diferente de está energía que ahora esta constreñida en este cuerpo me lo dice; me da esa firme seguridad, invisible a estos sentidos en los que transitan mis días. No puedo explicar lo que no entiendo, como tampoco puedo expresar lo que siento a cabalidad, sólo aproximaciones imperfectas propias de mi naturaleza, de este universo físico que se erige como único; pero que es falso aunque no haya podido demostrarlo.

Desde aquí los recuerdo y su presencia se siente al recordarlos, mis queridos JS, AO, EM y EV.