miércoles, 28 de octubre de 2009

Extraño lo extraño

Un día cualquiera, me levanté miré por la ventana y la ciudad estaba inundada de una gris neblina deprimente. En ese instante supe que me había atorado de nueva cuenta, que no iba ni para atrás ni para adelante y que la emoción de los primeros años de un lugar nuevo, con personas diferentes se había escabullido por entre las rendijas de esa ventana que me mantiene con frío cada noche. Caí en la cuenta que deje de frecuentar el bar lúgubre con decoración Luis XV donde conseguía a mis amantes ocasionales, entes vacíos y jadeantes que sólo utilizaba para desahogar mis pasiones y no sentirme sólo, que cumplían mi necesidad de aventurarme a lo desconocido de hacer una historia nocturna y al amanecer alejarme de esa fría piel que había alimentado mi placer y mi deseo por lo extraño. Sí, es hora de marcharme de nuevo, de partir y volver a iniciar en un lugar distante y lejano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario